Por Ludi García, Directora General – SEC Newgate Spain
Emprender no es solo crear una empresa. Es tomar decisiones en entornos inciertos, asumir riesgos, abrir nuevas oportunidades y, sobre todo, impulsar cambios. En ese sentido, el emprendimiento es también una forma de liderazgo: la capacidad de imaginar una realidad diferente y trabajar para hacerla posible.
En los últimos años hemos visto cómo cada vez más mujeres deciden dar ese paso. Lo hacen en sectores tradicionales y en otros emergentes, en proyectos tecnológicos, sociales o culturales, aportando miradas diversas y nuevas formas de gestionar equipos, procesos y relaciones con clientes y comunidades.
Aunque ha habido grandes avances, aún existen desafíos que enfrentan las mujeres al emprender, como el acceso a financiación o redes de apoyo. A menudo, también cargan con expectativas sociales que hacen que emprender implique un esfuerzo adicional de conciliación y equilibrio personal.
Durante años, las mujeres hemos tenido que demostrar constantemente nuestra capacidad para liderar, decidir y asumir responsabilidades. En muchos casos, emprender —ya sea creando un proyecto propio o impulsando nuevas iniciativas dentro de una organización— ha sido también una forma de romper barreras invisibles.
El emprendimiento implica visión, riesgo y determinación. Pero también implica confianza. Y durante demasiado tiempo a las mujeres se nos ha educado para dudar de nuestra propia ambición, para cuestionar si estamos realmente preparadas o si el tiempo es el adecuado.
La realidad es que el momento nunca llega por sí solo. Hay que construirlo.
A lo largo de mi trayectoria profesional he tenido la oportunidad de trabajar en entornos muy exigentes, donde la toma de decisiones, la gestión de equipos y la construcción de proyectos requieren convicción y capacidad de adaptación constante. En ese camino he visto cómo cada vez más mujeres deciden dar un paso al frente y liderar proyectos con impacto real.
Por eso el 8 de marzo no es solo una fecha simbólica. Es una oportunidad para recordar que la igualdad no se alcanza únicamente con discursos, sino creando las condiciones necesarias para que el talento pueda desarrollarse en igualdad de oportunidades.
El emprendimiento necesita diversidad. Las empresas y las organizaciones que integran distintas miradas toman mejores decisiones, innovan más y conectan mejor con una sociedad plural.
También necesitan referentes. Durante mucho tiempo, muchas mujeres crecimos sin ver reflejadas nuestras aspiraciones en los espacios de liderazgo. Hoy sabemos que visibilizar trayectorias, compartir experiencias y generar redes de apoyo es fundamental para que las nuevas generaciones puedan imaginarse a sí mismas liderando proyectos empresariales, tecnológicos o institucionales.
Cada mujer que decide emprender, liderar o impulsar una nueva iniciativa está contribuyendo para transformar el ecosistema empresarial. Está ampliando los límites de lo posible para quiénes vienen detrás.
Por eso, más allá de las cifras, el verdadero cambio se produce cuando dejamos de preguntarnos si las mujeres están preparadas para emprender y empezamos a preguntarnos qué más podemos hacer para que el talento femenino tenga el espacio que merece.
Porque cuando una mujer emprende, no solo construye un proyecto. También cambia las reglas del juego.
